Cuando el algoritmo vota: las primeras elecciones peruanas bajo la sombra de la IA


Las noticias falsas, o fake news, son más viejas que Matusalén. Ya en la Edad Media, la difusión de mentiras para desprestigiar al enemigo era un arma recurrente. Con la imprenta, ese poder se infiltró en la esfera política, facilitando la masificación de falsedades. En el siglo XX, los totalitarismos la incorporaron como parte central de su modelo de gobierno; pensemos en Joseph Goebbels, por ejemplo. A inicios del siglo XXI, con el surgimiento de las redes sociales, la producción y difusión de contenidos falsos se volvieron incontrolables. Pero ahora la IA generativa ha llevado este fenómeno a un escenario para el que estamos menos preparados que nunca. El audio y el video hiperrealistas circulan hoy de forma permanente en todas las redes. Hemos visto videos con millones de reproducciones y comentarios que evidencian plena credibilidad, como aquel en el que aparece Sam Altman, fundador de OpenAI, robando en una tienda (más de ocho millones de reproducciones). Un video falso creado con Sora 2, una herramienta de su propia compañía. Ya no solo circulan nuestros datos, sino también nuestra imagen y nuestra voz. Con ello, es posible hacer que cualquiera nos haga decir o hacer algo que nunca ocurrió. Con esta megapotente arma, enfrentaremos nuestra primera elección bajo la sombra de la IA. El marco legal aún tiene enormes vacíos para enfrentar estas situaciones, lo que nos coloca en un escenario de inseguridad e indefensión. Si hoy roban mi vehículo, existe una ley y una autoridad para perseguir al culpable. Si roban mi identidad, la respuesta es casi inexistente. Como advierte Jovan Kurbalija, el contrato social que funcionó en la sociedad tradicional ya no sirve en la era digital. Este abril será complejo no solo por la atomización de candidatos y el modelo electoral, sino porque nuestra decisión dependerá de evaluar contenidos que, para el ojo no entrenado, resultan casi imposibles de verificar. Nos toca dudar de todo hasta probar su veracidad, y no al revés.

Columna publicada en Diario Perú21

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