¿De verdad esperaban algo diferente de Jerí?


Cuando Jerí fue elegido presidente de la Mesa Directiva, sabíamos que no era por méritos propios. Era manipulable. Cuando asumió, por sucesión, la presidencia, lo hizo en medio de graves cuestionamientos: acusaciones de violación sexual, tráfico de influencias y un comportamiento público más propio de un adolescente que de un aspirante a la máxima magistratura. Sin embargo, bastó que se remangara la camisa y visitara un par de penales para que, de pronto, se convirtiera en esperanza, en alguien de quien se hablaba en todo tipo de mesas como si fuera un salvador. Hasta que aquel personaje que Carlos Anderson definió con precisión como “un operador de lobbies que en su vida ha hecho nada notable” volvió a mostrar su verdadero rostro. Jerí volvió a ser Jerí. Pero el problema no es Jerí ni el develamiento de sus negociados con empresarios chinos de pésima reputación. El problema somos nosotros. Nosotros, que hemos llegado a un nivel de resignación tal que basta un gesto simbólico para que nos brillen los ojos como a un adolescente enamorado. Tan acostumbrados estamos a los analfabetos funcionales que alguien capaz de articular dos párrafos coherentes ya nos parece todo un ilustrado. Hemos perdido, como país, la dignidad necesaria para exigir que nuestra clase política cumpla con todos los estándares, no con los mínimos. Competencias técnicas, formación, pero sobre todo valores y principios; historias de vida limpias, sin corrupción, delitos ni escándalos. Esto es plenamente aplicable a las próximas elecciones. Ver en los primeros lugares a López Aliaga, Álvarez, Fujimori o Vizcarra solo confirma nuestra dramática falta colectiva de autoestima. Porque en “otros” sí hay candidatos con competencias y valores, pero sigo escuchando la misma respuesta que en 2016 y 2021: “… pero no van a ganar”. Y no, no van a ganar porque no estamos dispuestos a abandonar la mediocre idea de creer que el Perú es lo que la actual bazofia de clase política nos quiere hacer creer, que así son las cosas y que así serán, per sécula seculórum. Pero no, las cosas no son así y sí pueden cambiar. En tu voto está.

Columna publicada en Diario Perú21

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