De 36 candidatos, llegué a 4. Aquí mis alternativas.


Como ya venía adelantando en columnas anteriores, en los últimos meses me he dedicado a analizar, seguir y escuchar a la mayoría de los candidatos a la presidencia; al menos a aquellos que tienen alguna información o propuesta que ofrecer. El objetivo ha sido aplicar un conjunto mínimo de criterios para identificar opciones razonables dentro de una oferta electoral cada vez más degradada.

El primer filtro fue descartar a los partidos que hoy tienen representación en el Congreso. La razón es simple: debemos ser consecuentes. Venimos denunciando, día a día, la destrucción de la institucionalidad del país, la promulgación de leyes con nombre propio, el aprovechamiento del cargo para beneficio personal y, sobre todo, la irresponsabilidad de los partidos que han llevado al Congreso al nivel de personas que hoy nos gobiernan. Si nos quejamos todo el día de los impresentables que pululan por el congreso, ¿cómo vamos a votar por los mismos partidos que los llevaron?. Personas en absoluto preparadas para cumplir una función esencial: crear las leyes que nos rigen, representarnos como ciudadanos y fiscalizar a las demás instituciones del Estado. Los partidos que hoy tienen bancada han fracasado en esa tarea y, por lo tanto, quedan descartados.

Ese primer criterio permitió depurar una parte importante de la oferta electoral. El segundo filtro consistió en excluir a aquellos partidos y candidatos que sostienen tesis autoritarias, antidemocráticas, extremistas o abiertamente populistas. Se trata de propuestas que utilizan las reglas del sistema democrático como simple plataforma para alcanzar objetivos personales o mercantilistas y perpetuar las mismas prácticas que han llevado al país a la situación actual. En términos simples, proyectos políticos orientados más a enriquecer a sus dirigentes que a gobernar el país.

Superados estos dos filtros, el conjunto de opciones restantes se ubica dentro de un terreno de lo posible. En ese escenario he identificado cuatro alternativas y un bonus, por motivos que explicaré más adelante. A estos partidos y a sus planchas presidenciales se les ha sometido, además de a una evaluación de competencias y habilidades para el ejercer el cargo, a una revisión de antecedentes judiciales, policiales y éticos.

No se trata de una selección basada en afinidades ideológicas. Como he sostenido siempre, cada ciudadano debe elegir la corriente política que mejor lo represente. Dentro de esta lista hay opciones que se ubican desde la centroizquierda hasta la centroderecha. Sí, personalmente me quedo en el espectro del centro político.

Estos son los partidos y candidatos que han pasado el filtro:

1. Partido del Buen Gobierno
• Presidencia: Jorge Nieto Montesinos
• Primera vicepresidencia: Susana Matute Charún
• Segunda vicepresidencia: Carlos Caballero León

2. Partido Morado
• Presidencia: Mesías Antonio Guevara Amasifuén
• Primera vicepresidencia: Heber Diomedes Cueva Escobedo
• Segunda vicepresidencia: Marisol Yolanda Liñán Solís

3. Integridad Democrática
• Presidencia: Wolfgang Mario Grozo Costa
• Primera vicepresidencia: Bertha Cecilia Azabache Miranda
• Segunda vicepresidencia: Wellington Prada Chipayo

4. Libertad Popular
• Presidencia: Rafael Jorge Belaúnde Llosa
• Primera vicepresidencia: Pedro Álvaro Cateriano Bellido
• Segunda vicepresidencia: Tania Ulrika Porles Bazalar

Incluyo a los vicepresidentes porque la experiencia reciente demuestra que en el Perú no basta con evaluar al candidato presidencial. El uso reiterado de la vacancia exprés ha convertido a los vicepresidentes en posibles sucesores inmediatos. El próximo presidente o presidenta podría ser vacado en cualquier momento, por lo que resulta indispensable saber quién podría asumir el cargo. Ya comenté en la columna anterior, sobre el enorme poder que tendrá el Senado, que será en suma, quien realmente gobierne. Ver:

El bonus corresponde a Primero la Gente, al que no puedo formalmente en la lista. Como organización política, todo indica —según la información disponible públicamente— que no cuenta con una verdadera democracia interna, y su fundador arrastra serios cuestionamientos éticos. Basta recordar el episodio de la franja electoral que terminó por apartarlo de la contienda.

Sin embargo, su candidata presidencial sí merece al menos una evaluación individual. Marisol Pérez Tello representa una alternativa atendible, aunque todo indica que, en su afán por participar en el proceso electoral de 2026, forzó su incorporación a Primero la Gente tras fracasar en su intento de fundar su propio partido, el nonato Lo Justo. A mi entender, debió esperar el 2031 y trabajar este quinquenio en un proyecto nuevo, pero sólido.

Bonus: Primero la Gente
• Presidencia: Marisol Pérez Tello
• Primera vicepresidencia: Raúl Molina
• Segunda vicepresidencia: Manuel Ato

Para mí no hay más. Pudo entrar en la lista la alianza Unidad Nacional, pero Roberto Chiabra ha sido parte del actual congreso y ha votado en favor de muchas de las leyes que tanto hemos sufrido. Lo mismo en el caso de Enrique Valderrama. Me parece individualmente una posibilidad, sin embargo considerar al Apra nuevamente no es una opción. Por lo menos no para mí.

Estoy seguro de que muchos de ustedes no coincidirán con esta lista corta. Las encuestas muestran que más de uno reclamará la ausencia de López Aliaga. Sin embargo, Renovación Popular, por lo demostrado en estos casi cinco años, no merece —a mi juicio— ninguna nueva oportunidad.

En el caso de López Chau ocurre algo similar. Aunque su partido es nuevo, considero que su propuesta presenta un enfoque excesivamente centrado en un Estado planificador del desarrollo, más que en un Estado promotor que genere condiciones para la inversión y el crecimiento. Sus declaraciones sobre Petroperú, por ejemplo, terminaron por sacarlo definitivamente de mi lista. Defiende la permanencia de la empresa estatal y se opone a su privatización o reestructuración profunda. Una empresa que pierde alrededor de 1.28 millones de dólares diarios —y que cerró el 2025 con pérdidas superiores a los 468 millones de dólares— no puede seguir absorbiendo recursos que pertenecen a todos los peruanos.

De todos modos, la lista no está cerrada. La evaluación es permanente y, conforme se acerque el día de la elección, irá apareciendo nueva información. Por eso debemos mantenernos atentos y asumir el esfuerzo —y el inevitable desgaste— que implica analizar y evaluar a tantos candidatos. Una situación que, por cierto, es responsabilidad directa del actual Congreso, que ha terminado por deformar el sistema electoral hasta hacerlo casi inmanejable. Cuando maldigan la cedula de votación, recuerden que son los actuales partidos, los que la hicieron realidad.

Si consideran que hay otros candidatos realmente viables, los leo en los comentarios. El debate siempre estará abierto.

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