A esta columna le quedan cuatro lunes antes del día de la primera vuelta. Había pensado dedicar cada uno de ellos a promover el voto informado y responsable. Pero no. La realidad obliga a empezar por algo más elemental: reconocer que, como sociedad, ni siquiera nos interesa informarnos.
Lo nuestro no pasa por comprender. Pasa por leer solo el titular, nunca la noticia. Pasa por seguir asumiendo que solo postulan quienes figuran en las encuestas. Pasa por preguntarle a alguien más por quién va a votar, como si esa respuesta bastara para conocer al candidato, su trayectoria, sus ideas o su capacidad de gobernar.
Estamos a un mes de la elección y aún no encuentro a alguien capaz de decir el nombre de diez candidatos sin buscar en Internet. Al quinto abandonan, y esos cinco siempre son los que lideran las encuestas. Dos siglos después de fundada la república seguimos sin comprender lo esencial. No asumimos nuestro rol directo y activo como ciudadanos.PauseUnmute
No somos súbditos; aquí no hay monarquía. No somos sometidos, porque aquí no hay una dictadura. Aquí hay una república que, aunque incompleta y fracturada, está compuesta por ciudadanos. Y esa condición implica la existencia de derechos, pero también de obligaciones. Para lo primero, somos los mejores; para lo segundo… nos vamos silbando bajito.
Tal vez porque seguimos creyendo que el ejercicio del poder empieza y termina en quien ocupa el cargo. Pero el gobierno no recae únicamente en el gobernante, quien solo detenta transitoriamente el poder que le hemos delegado. Recae también —y sobre todo— en nosotros. Por eso, es una democracia; por eso, hablamos de representación.
Hoy, el Perú aún conserva una salud fiscal relativamente sólida, con una ratio de endeudamiento cercana al 32% del PBI. Pero esa situación podría deteriorarse rápidamente. Según el Consejo Fiscal, si se mantienen las más de 200 leyes recientemente promulgadas con impacto negativo en las cuentas públicas, la deuda podría alcanzar el 70% del PBI en apenas una década.
Las repúblicas no colapsan de un día para otro. Se deterioran lentamente mientras cada generación delega sus responsabilidades a la siguiente. Así de irresponsables.
Por eso, ese pequeño gesto —marcar una cédula electoral— es mucho más que un trámite.
Asume tu rol.
Colmna publicada en Diario Perú21
