Cuando la informalidad toma el poder

Algo que padece la sociedad peruana es el tener una economía (y una mentalidad) mayoritariamente informal. Informal en su forma de actuar, comercializar, producir, tributar. Una informalidad puesta de manifiesto en nuestro sistema de transporte, en nuestro precario sistema educativo, en nuestros centros de abasto, etc. Esa informalidad le cuesta al Perú miles de hectáreas de biósfera cortesía de la minería informal. Les cuesta cientos de vidas a hombres y mujeres, niños y niñas por culpa de choferes de combis y buses que tienen centenas de papeletas y multas. Le cuesta al país millones de soles por evasión tributaria, doble contabilidad u omisión de obligaciones. Le cuesta, de manera muy especial, el futuro al educando peruano. Cuando esa mentalidad informal, ese ADN fullero, inmoral y egoísta alcanzan su máxima expresión, se obtiene un Congreso como este. Un Congreso que sin tapujos decide destruir la reforma del transporte permitiendo que homicidas con culpa o dolo, sigan manejando. Sin sangre en la cara condenan a muerte a Madre de Dios prorrogando el plazo de formalización de la minería. Con colmillos afilados y verdes como el dólar, destruyen la reforma educativa que tanto está costando implementar. Porque esos informales, los que ocupan escaños en el Congreso, saben que este país todo lo permite.

Reglas electorales al gusto del consumidor

“En todas casas cuecen habas; y en la mía, a calderadas” dijo el hidalgo Don Quijote, pero en la nuestra la cosa ya es exageradamente vergonzosa. El marco electoral, ese que define la reglas sobre cómo elegir a nuestros gobernantes (lo que ello signifique a la luz de los hechos recientes), es sujeto de modificaciones en cada legislatura en función al interés de los congresistas, que es el interés de sus partidos, que es a su vez el interés de sus dueños, quienes finalmente obedecen al interés de sus bolsillos. En resumidas cuentas, el marco legal que regula las elecciones en el Perú, tiene sin lugar a dudas una fortísima influencia mercantilista que contamina plenamente el derecho ciudadano de elegir y ser elegido. Eso debe acabar ya. Ser elegido para ejercer un cargo público supone servir al interés ciudadano, no al interés personal y pese a que eso no es ninguna novedad, sí parece ser una costumbre adquirida y peor aún, aceptada.

Volviendo al futuro. La dignidad, los cojudignos y el quiebre de los valores.

En el mes de marzo del año 2009, a poco tiempo de haber concluido mis estudios fuera del país y ya estando nuevamente recolocado en mi sociedad, decidí abrir un blog. Quizá atendiendo a algún llamado interno que siempre estuvo ahí, pero que muchas veces acallé por más de una razón.  En esa época, las preocupaciones predominantes estaban enfocadas en el contexto político internacional producto de mis vivencias en otro país y el contacto directo con la multiculturalidad que te da vivir en el viejo continente. Sin embargo, al poco tiempo ya el llamado local y el contexto social, político y económico del Perú, hicieron su trabajo. Me reenfoqué (sin dejar siempre de estar pendiente del “más allá”). Ahí nació presionanimal, ese llamando de la bestia interna que todos tenemos dentro y que cada uno doméstica o intenta domesticar a su manera.

Hoy, agosto de 2021, 12 años y 5 meses después, leo con nostalgia y simpatía aquellas líneas, que bien o mal escritas, confirmaron siempre al mismo individuo. Veo con alegría y tranquilidad, que ese animal sigue siendo igual, fiero y rebelde, pero reflexivo y constructivo. Siempre creí que el proceso personal de reflexión era pieza fundamental en cualquier proceso constructivo. Artístico, político, social, emocional y hasta empresarial.

Democracia sí, cachetadas no

Después de toda esta vorágine electoral que gracias a los manotazos de ahogado del partido no ganador (suena mejor que perdedor), aún no acaba (en Lima) , hoy he sentido el valor real de la política y la democracia.  Las elecciones en este país son para mi, el acto menos político de todos, porque no … Continúa leyendo Democracia sí, cachetadas no