No llevamos ni una semana y la cosa ya está muy agitada. El gabinete de Keiko ha sido recibido con pocos aplausos y, más bien, con incertidumbre y críticas, incluso dentro de su propio sector electoral. Los cuestionamientos en torno a Beingolea, Belaúnde, Sheput y Dyer solo podrán responderse con resultados. Veremos si fueron cuotas políticas o apuestas arriesgadas que terminen fortaleciendo a sus respectivas carteras. Pero la presión no viene solo por el lado del Ejecutivo.

En menos de una semana ya tenemos al primer diputado detenido. Evidentemente, algunas cosas han cambiado, pero muchas otras siguen exactamente igual. Y ese episodio es un recordatorio incómodo de que el país todavía arrastra problemas que ninguna elección resuelve por sí sola. Como si eso fuera poco, la liberación de Humala, el posible salvoconducto para Chávez y la permanente posibilidad de un indulto para Castillo o incluso para Toledo reabren debates que inevitablemente volverán a polarizar al país.

Son asuntos que el nuevo gobierno tendrá que enfrentar desde el primer día, quiera o no. En otro frente, el fenómeno de El Niño ya está en la puerta, amenazando y preocupando a millones de peruanos que solo esperamos que el tiempo sea benevolente y que el Gobierno llegue a tiempo con las obras de prevención que ha prometido.

A todo ello se suma el pedido de facultades legislativas, planteado hasta ahora de manera bastante genérica. Habrá que esperar el texto definitivo antes de emitir un juicio y evitar caer en el juego de las filtraciones. Solo entonces podremos evaluar el verdadero alcance de las medidas propuestas, especialmente en materia de seguridad, derechos civiles y derechos laborales. Todo esto ha ocurrido en apenas unos días. Y precisamente por eso creo que el nuevo gobierno no tendrá el tradicional período de gracia que suele concederse a toda administración. No habrá cien días de espera ni de aprendizaje. Habrá treinta.

Treinta días para demostrar capacidad de gestión, liderazgo y resultados. Porque las expectativas son enormes, los problemas son urgentes y el país ya no está dispuesto a seguir esperando.

Seguimos.

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