
A propósito del cierre de un año electoral para el olvido, quisiera abordar un asunto puntual. De un tiempo a esta parte, he escuchado reiteradamente, en medio del debate público, frases como «no debemos politizar el tema». Y cada vez que escucho semejante barbaridad, no puedo evitar pensar en la profunda ignorancia de nuestra clase política. Un debate sobre asuntos de interés social es, por esencia, político. Haciendo un esfuerzo por interpretar a estos personajes, uno podría deducir que pretenden decir que no debemos partidizar el debate, anteponiendo intereses partidarios o personales al interés general. Pero el problema es más profundo. Nuestro escenario político tiene de todo, menos políticos. Abunda un enjambre de mercantilistas que ven en el poder la miel de sus ambiciones y en el servicio público un negocio. Precisamente por eso necesitamos politizar más, no menos.
Todo asunto relacionado con el gobierno de una sociedad tiene una dimensión política. El Estado necesita más política y menos mercantilismo. Más debate sustentado en ideas, principios y doctrinas, y menos hienas queriendo abandonar su pobreza monetaria y moral. La política no es una mala palabra. Tener una ideología tampoco. Las ideologías nos permiten interpretar la realidad y construir posiciones sociales. Podemos discrepar, pero pretender un debate público sin convicciones políticas es un absurdo.
Mi primer empleo, tras egresar de la facultad, fue como docente de Ciencia Política. Pocas experiencias fueron tan gratificantes como compartir con jóvenes de entre 18 y 20 años las teorías de Marx, Smith, Rawls, Pettit, Locke o Rousseau, cuyas ideas siguen siendo fundamentales para comprender la construcción social. Su hambre de conocimiento era estimulante. Imaginar que aquellas lecturas les servirían para politizar sus vidas, cuestionar el poder y convertirse en agentes de cambio era una satisfacción incomparable.
Soñemos con el día en que las campañas se vacíen de eslóganes y se llenen de ideología, doctrina y ciencia política. Quizá ese día, el Perú tenga alguna oportunidad.
Columna publicada en Diario Perú21

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