
Hace poco publiqué una columna sobre las declaraciones de López Aliaga respecto a su intención de no juramentar el cargo de senador, pese a que él mismo postuló a este puesto en simultáneo con la presidencia. Esto evidencia que, en su momento, tras una evaluación —asumo yo— consideró la posibilidad de no ganar las elecciones presidenciales y, por tanto, tenía un interés legítimo en ocupar un escaño en el Senado.
Sin embargo, ahora ya no quiere ser senador.
El tema es que ese video ha generado cientos de comentarios, muchos de ellos enfocados en respaldar la posición de López Aliaga, bajo el argumento de que su actitud responde a no “avalar” un fraude.
Comentarios totalmente válidos y comprensibles por cierto.
Desmenucemos ambos puntos: el supuesto fraude y la actitud de RLA.
Primero, el tema del fraude.
Estamos a 5 de mayo y, a la fecha, lo que se ha evidenciado, sin lugar a dudas, es una enorme incompetencia de la ONPE en la ejecución del proceso electoral y quizás actos de corrupción, hecho que deberá ser comprobado por al el Ministerio público en su momento.
La apertura tardía de mesas afectó claramente a todos los candidatos presentes en la cédula, y especialmente —por una cuestión de probabilidad— a quienes tenían mayores opciones en determinados centros de votación.
A Rafael, pero no solo a Rafael.
Pero aquí hay un punto clave: no es contra López Aliaga contra quien se habría cometido un eventual fraude. Esa es una forma egocéntrica de ver el problema.
El perjuicio es contra los ciudadanos.
Son ellos quienes han sido afectados al ver limitado su derecho al voto. Los verdaderamente perjudicados son los ciudadanos que no pudieron votar, y en segundo plano, los candidatos que pudieron haber recibido esos votos. Aquellos que no pudieron votar por RLA o por cualquier otro candidato de su preferencia.
¿Se vulneraron derechos? Sí.
¿El proceso fue desastroso? También.
¿Hubo fraude? En mi opinión, no.
Y no lo hubo porque, para que exista fraude electoral, fraude como tal, se requiere un patrón claro y sistemático, una conducta organizada que vaya más allá de irregularidades operativas, ineptitud o negligencia, como la apertura tardía de mesas, las cuestionadas mesas de serie 900 (ya explicadas) o las llamadas mesas atípicas. Se necesitaría evidencia de una orquestación con un objetivo concreto de alterar resultados para favorcer a alguien en particular.
Hasta ahora, quienes sostienen la tesis del fraude han señalado responsables distintos: Keiko, Sánchez, Balcázar, entre otros. Una acusación difusa, sin consistencia. Más aún, en los últimos días hemos visto a personas y organizaciones que apoyaron a RLA afirmar que no existen evidencias suficientes para sostener que hubo fraude. Sí reconocen —y en eso coincido— que se trató de un proceso alterado que perjudicó a miles de personas.
El derecho a reclamar existe, por supuesto.
Lo tiene RLA y lo tienen todos los actores del proceso. Era esperable que, ante estas fallas, se presentaran reclamos. Pero de ahí a pedir la anulación de las elecciones —es decir, invalidar el voto de millones de peruanos— pues, suppone un salto desproporcionado e inoportuno.
Ya vivimos algo similar en 2021. Keiko nos llevó a padecer la teoría del fraude y la división en la sociedad que eso generó. Se creó inclusive una comisión en el Congreso que nos costó varios miles de soles, impulsada por el propio fujimorismo, para investigar un supuesto fraude.
Resultado, una conclusión que determinó que no se pudo probar tal fraude.
Sí se identificaron irregularidades, como en todo proceso electoral, lo cual no las justifica, pero tampoco equivale a fraude.
Esto nos lleva a otro punto: la expectativa de perfección. Resulta llamativo que muchos esperen un proceso electoral impecable en un país donde las instituciones —públicas y privadas— están marcadas por la ineficiencia y la corrupción. La ONPE y el JNE no son entes aislados de esa realidad. Si el Ejecutivo, el Congreso, el Poder Judicial, la policía, las Fuerzas Armadas y por supueto buena parte del sector privado muestran esas falencias, ¿por qué asumir que el sistema electoral sería inmune? No es solo la ONPE señores: es el Perú.
Ahora, sobre la actitud de RLA.
En los comentarios se insiste en que no se trata de una “pataleta”, sino de dignidad; que juramentar sería avalar un fraude. Sobre esto, ya he planteado mi posición: no hay evidencia de un fraude como tal.
Pero además, hay un elemento adicional. López Aliaga decidió postular también al Senado. Otros candidatos no lo hicieron y dejaron ese espacio para terceros. Él no. Fue una decisión propia, cuando hizo su evaluación, es obvio que tenía frente a si, la posibidad de no ganar la presidencia y por tanto en su momento, sí vio como posible, ser senador.
Si el argumento para no asumir es que las elecciones fueron ilegítimas, cabría esperar una posición institucional del partido. Renovación Popular es Lopez Aliaga y Lopez Aliaga es Renovación Popular. Sin embargo, no es el caso: los demás candidatos electos mantienen su compromiso. Por tanto, estamos ante una decisión estrictamente personal.
Y aquí surge la contradicción más evidente. Si RLA considera que el proceso fue irregular o incluso fraudulento, el Senado sería precisamente el espacio desde donde podría impulsar reformas para evitar que esto se repita. Ese es, en esencia, el propósito de los cargos de representación: servir a la ciudadanía y corregir las fallas del sistema.
Pero la decisión es otra: como el resultado no fue el esperado, se opta por retirarse. Volver a su oficina y dejar el problema intacto para que sea resuelto por alguien más.
Aceptar que todo siga igual.
Que las mismas condiciones se repitan y que los mismos errores persistan.
Ahí es donde aparece no la dignidad, sino el egoísmo, el egocentrismo o, en el mejor de los casos, la desidia. Por eso digo, que para mi, la personalidad de Lopez Aliaga, dista mucho de ser la que se requiere para ser politico, funcionario publico, servidor del estado. Queda claro, que un buen gerente es (supongo), pero no tiene lo que hay que tener, para pasar al sector público. Y decir, con orgullo, yo no soy politico, los posliticos son una basura (termino que le encanta usar), no es un plus, es una declaración que lo deja fuera de lugar, porque no está postulando para la gerencia o el directorio de inguna empres,a está jsutamente postulando para un cargo 100% político.
Que esta nueva situación no nos lleve a enfrentarnos. El pais no necesita y no merece más división. Las elecciones fueron un desastre, sí, pero lo son como lo son muchas cosas en este pais y justamente lo que necesitamos es que las cosas dejen de ser así y que haya gente que quiera, realmente sacrificar su vida para dedicarla al servicio público y en última instancia, podamos esperar un pais mejor.

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