Llevo meses siguiendo esta campaña, con un acercamiento mayor al del común denominador. Es algo personal, lo sé. Me interesa, me gusta, me preocupa, pero, sobre todo, me parece necesario. En este tiempo, todos los días, en mayor o menor medida, he visto o leído información relevante. También he conversado con personas de distintos perfiles: votantes de izquierda, de centro y de derecha; y si hay un factor común, es la desinformación. Pocos o muy pocos pueden sustentar su voto. Lo hacen repitiendo frases comunes. Nadie pudo hablar de la plancha completa, y menos de las listas al Senado o al Congreso. Es casi inexistente la relación que establecen entre el candidato, su partido y las listas a las cámaras. La gente vota por el candidato como si fuera un ente independiente. Y encima deciden sin mirar atrás. Y ese punto es clave: es como si, en los últimos cinco o diez años, esos candidatos no hubieran existido. Poco saben de su trayectoria o de su responsabilidad en la situación actual del país. La evaluación termina siendo superficial y, en cierto modo, desesperada. Por supuesto, hay ciudadanos bien informados. Pero aquí me refiero a un ciudadano promedio, en una muestra referencial, no estadística. Esto explica lo que Ipsos mostró hace un par de días: la posibilidad de un escenario catastrófico, incluso de una nueva década perdida. Así como en la corrupción son responsables tanto el corrupto como el corruptor, en elecciones lo son tanto los elegidos como los electores. Y, en muchos sentidos, más el elector. Porque, teniendo el tiempo para evaluar mejor, postergamos la decisión, la relativizamos y terminamos votando pésimo. Lo que le pase al Perú en los próximos diez años no será solo responsabilidad de quien sea elegido. Será consecuencia directa de nuestra decisión: de nosotros, los verdaderos dueños del poder. Y cuando te preguntes qué hubieras podido hacer, la respuesta es “mucho”. Mucho más que solo marcar una cédula cada cinco años. Podías haberte involucrado, dedicar tiempo a un proyecto político y asumir las riendas de tu propio destino… Dejar de ser un simple polizón.
Columna publicada en Diario Perú21
