¿Cuánto está el kilo de pollo?, ¿cuál es el sueldo mínimo? Esas son las preguntas que en uno y otro programa se repiten hasta el cansancio, sobre todo en boca de los nuevos jugadores: los streamers. Esa nueva vitrina a la que todos los candidatos apuntan, porque es ahí donde ahora se juegan los partidos. Eso es populismo, no del candidato, sino del entrevistador. Queremos que fallen, que hagan el ridículo, que nos den likes, porque los likes dan plata. Tener ese conocimiento básico está bien; puede evidenciar cierta conexión con la realidad. Pero no es eso lo que esperamos de quien tendrá el encargo de reducir ese 30% de pobreza. Lo que importa es su capacidad para entender los problemas estructurales del país y proponer políticas públicas serias, sostenibles. Uno pensaría que, con 35 candidatos, estaríamos saturados de propuestas sobre inversión, minería, agroexportación o pesquería; sobre reforma educativa, salud o seguridad. Pero no. Resulta absurdo no haber escuchado, ni una sola vez, a algún candidato plantear, por ejemplo, un plan claro para el crecimiento del sector pesquero o del agroexportador. ¿Dónde están las propuestas concretas sobre generación de empleo o reducción de la anemia, que afecta al 43.7% de nuestros niños? Nadie dice nada porque nadie lo pregunta. Y no se trata solo de banalidad: también hay una distorsión de prioridades. Parece más relevante saber si están a favor del matrimonio igualitario o de la interrupción del embarazo. La agenda pública que se ha instalado en los últimos años no es una agenda país; es, en gran medida, una agenda religiosa. Así de claro. A ciertos grupos de poder les inquieta el avance de derechos y libertades que desafían el dogmatismo. Así, la discusión pública queda atrapada en debates de fe. Pero aquí no estamos eligiendo autoridades religiosas. Estamos eligiendo presidente, senadores y diputados. Esto no es un cónclave. Cómo se extraña una buena entrevista: una que se distancie del show mediático, donde el entrevistador ataque los puntos relevantes, esos que ponen comida en la mesa, salud en los pulmones y conocimiento en las mentes de los niños.
