Una de las primeras pruebas reales e interesantes —más allá de las entrevistas en podcasts o programas de televisión, que muchas veces se acomodan en favor del entrevistado— es la participación de los candidatos a la presidencia de la República en la CADE. Como se sabe, esta conferencia busca ofrecer un espacio para que los presidenciables expongan sus propuestas ante el público y el empresariado.

Este año fueron invitados los seis mejor posicionados en las encuestas: Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori, Mario Vizcarra, Carlos Álvarez y Alfonso López Chau. Lo primero a mencionar es que se debe reconocer a López Aliaga y a López Chau por su asistencia. Fueron, plantaron cara e hicieron su trabajo.

Los otros cuatro, literalmente, se corrieron. No hay excusa que valga, aunque Keiko haya dicho que tenía problemas de agenda o que su candidatura no estaba aún confirmada; Mario Vizcarra —es importante decir el nombre porque ya es hora de dejar de hablar de Martín— alegó problemas de salud; Carlos Álvarez, el peor de todos, dijo que era un foro de ricos alejados de la realidad; y Acuña también afirmó tener problemas de agenda, aunque probablemente lo que quería evitar era regalarnos un nuevo rosario de frases para memes. Es obvio que ninguno estaba lo suficientemente preparado ni se sentía seguro para enfrentar al auditorio, y en su balance era mejor quedar como quedaron que quemar su candidatura tan temprano.

López Aliaga fue fiel a su estilo, lo cual también es reconocible. Fue directo y no impostó posturas: se mostró como se muestra en todos los escenarios. Pero, como siempre, con un muy mal manejo emocional. Se exaspera fácilmente y pierde el control. Sobre todo, su articulación es pésima: lee entre dientes, lo que hace muy difícil seguirlo y, sobre todo, entenderlo.

En cuanto al fondo, las propuestas: en seguridad ciudadana y justicia, propuso una “reforma total” del Poder Judicial y del Ministerio Público mediante un sistema de meritocracia. Anunció medidas fuertes contra la delincuencia: inversión de más de US$ 1.000 millones para fortalecer la inteligencia policial y militar (drones, cámaras, interceptación). Planteó “jueces sin rostro” para casos de “terrorismo urbano”, el envío de delincuentes de alta peligrosidad a cárceles en zonas de la selva “no contactadas” y sanciones a las empresas de telefonía que no bloqueen equipos robados o permitan la venta de chips sin control. Redondeó afirmando que la seguridad jurídica es para la gente decente, no para los delincuentes, en clara alusión a quienes lo critican por romper contratos y exponernos a arbitrajes multimillonarios.

En lo referente a institucionalidad, derechos humanos y relaciones internacionales, propuso el retiro inmediato del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), argumentando que “solo defiende a terroristas y sicarios”. Planteó regresar a un Congreso unicameral (eliminando la Cámara Alta) y que el salario de los congresistas se base en el promedio de sus sueldos previos.

Por el lado de la economía, infraestructura e inversión, prometió mantener la estabilidad macroeconómica (baja inflación, control del déficit y de la deuda pública) y reducir el tamaño del Estado. Presentó un paquete de propuestas económicas, entre ellas: crear una criptomoneda peruana respaldada en oro; impulsar grandes inversiones en infraestructura (tren Tumbes–Tacna, 14 aeropuertos internacionales y 20 nacionales); promover zonas francas con hasta 30 años de tributación especial (“Plan Sur Andino”); liberar fondos de las AFP y eliminar la doble tributación para atraer capital extranjero.

Por último, en cuanto a minería informal y medio ambiente —tema que generó momentos de tensión cuando el panelista Carlos Gálvez le recordó a López Aliaga la relación de su partido con la minería ilegal y también le enmendó la plana respecto a los precios de las hectáreas y otros temas vinculados al sector—, López Aliaga respondió que su partido había expulsado a mineros informales vinculados a la agrupación Confemin Perú y propuso eliminar por completo la minería ilegal, la tala y la explotación sexual asociada. De igual manera, planteó redistribuir o revertir al Estado las concesiones mineras ociosas que no se usen para la industria formal. Por ese lado, poco más.

Aunque el discurso fue ambicioso, estuvo cargado de promesas difíciles de financiar o institucionalizar: faltaba detalle sobre cómo ejecutar los proyectos, compatibilidad con los derechos humanos, sostenibilidad del Estado, entre otros aspectos.

En el otro frente, Alfonso López Chau se mostró, en la forma, soso, lento y excesivamente pausado, lo cual hacía desear el final de su alocución. En cuanto a sus propuestas, inició reconociendo que la economía peruana se mantiene estable a nivel macroeconómico, pero estancada en crecimiento real. Propuso que la moral pública sea el motor principal del desarrollo: sostuvo que sin política decente no hay inversión duradera y que la corrupción y la inseguridad fracturan la economía.

En su visión, el desarrollo debe apoyarse en tres “manos”: el mercado, el Estado y la solidaridad. En relación con la informalidad productiva —gran parte de las empresas en Perú son micro, pequeñas e informales—, planteó mecanismos para formalizar estas actividades, incluyendo a mineros y pesqueros.

En materia de inversión e innovación, propuso la creación de un fondo soberano de riqueza que transforme las reservas del Estado en desarrollo sostenible para las futuras generaciones. Apostó por la industrialización del hidrógeno verde como parte de una “revolución industrial” que impulse puntos adicionales al PBI peruano.

Algo a destacar en este candidato es su congruencia respecto de su posición en el espectro político tradicional: sin miedo, se reafirmó socialista, aunque haciendo una importante precisión al decir que era democrático.

En resumen, punto a favor para ambos por prepararse y asistir al foro. Sin embargo, ambos demostraron una ausencia de talante político: cada uno es especialista en su campo, pero sin dejar muchas luces sobre su capacidad política y de gestión pública. En cuanto a las propuestas, algunas fueron interesantes o novedosas, otras no tanto, pero, como siempre, persisten las enormes dudas sobre cómo llevarlas a la realidad.

Es solo el comienzo. Todavía quedan semanas por delante para seguir mirando de cerca… y para confirmar quiénes están dispuestos a dar la cara y quiénes prefieren correr.

Para cerrar, por lo menos para mí, ambos descartados.

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